Y gateabas sobre el piano, como pasando desapercibida, tomaste mi copa y seguiste... desnudándote hacia el comedor. Con tu escultural silueta, tus armoniosas y exitantes curvas, como insitándome, desde allá, queriéndome matar a mi también. La lujuria no se aguantaba y tu carocito que me miraba... "¿qué esperás?, mordeme y escupime, amame y odiame, vení", y vos con tu mirada, inexpresiva, inmóvil. Sólo tus dedos movías... para tu placer.
Y me quedé, observándola. Viendo cómo lentamente el paisaje se desvanecía, y ella se esfumaba.
Aún viene... cuando quiere histeriquear.
Aún extraño su histeriqueo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
comentame ésta haciendo clic